Hoy no mostraré ni reportajes de bodas, ni fotos de comunión, ni tampoco la foto sensual de alguna joven atrevida,… hoy no hay fotos. Hoy sólo el “san benito” de las maravillosas cámaras de fotos de los fotógrafos de bodas profesionales solemos tener. Mágicas diría yo. Mejor me explico. cámara de fotos para bodas

Hace unos días realizaba uno de mis últimos reportajes de boda en Granada. Poco después de iniciarse el baile de celebración decidí tomarme un respiro mientras alternaba con un reducido grupo de invitados bastantes agradables, por que no decirlo. Con la cámara en una mano y una copa de ron en la otra estuvimos hablando durante unos 10 minutos de cosas varias hasta que la conversación derivó en fotografía y fotógrafos. Todo normal. Una conversación sencilla donde les explicaba algunas de sus consultas sobre la lente, el flash y algunos conceptos más sin mucha importancia aunque lo que realmente me resultaba más raro era que me preguntaban el precio de prácticamente todo el equipo que por allí veían. Todo normal hasta que uno de ellos, supongo que sin maldad alguna, tocó el botón mágico que tanto nos gusta los fotógrafos de bodas profesionales: “claro, con esa cámara todas las fotos salen de puta madre”  o algo así exclamó el chaval.

Yo, muy educado aunque no menos molesto, le intentaba explicar que las fotografías las hace el fotógrafo y su manera de ver y entender los momentos y todos los rollos esos que decimos en el sector, y que la cámara sólo era el instrumento con el que captarla. El chaval me insistía “que si, que si,… pero que con una cámara de 3.000 pavos el también hacía fotos de boda profesionales” Volví a insistirle, ya con algo menos de sonrisa, que tener un buen equipo facilita el trabajo pero que sin tener unos conceptos básicos, estilo, y no se que más… difícilmente podría compararse con los fotógrafos de bodas profesionales.

Tanto era su insistencia, o chulería, en demostrar lo buen fotógrafo que sería con una cámara de “3.000 pavos” en las manos, que sin pensarlo mucho, puse sobre sus hombros el equipo que en aquel momento llevaba conmigo e invité que hiciera aquellas fotos de bodas originales que tan fáciles alardeaba serían.

Bueno, al final no sólo supo no cogerla de forma “normal”  ya que la cogió totalmente al revés (mano izquierda cuerpo y derecha lente), si no que para colmo, no sabía identificar ni “el botón de la foto” como él lo llamó. Al final todo quedó en una anécdota / gracieta del joven sin mucha gracias para el resto del grupo que por allí nos encontrábamos pero oye, que yo como uno de esos fotógrafos de bodas profesionales, y aunque es raro en el reportaje que no lo escucho, esa insistencia me tocó un poco las narices y mejor zanjar y ver los dotes de este fotógrafo de bodas aun por descubrir.

Así que ya sabéis, la próxima que lo escuchéis vosotros también, poner vuestro equipo en sus manos (con ojo, eso si) y disfrutad de ese momento… y de su cara.