fotografo de bodas Granada

Turno hoy para el reportaje de boda de Verónica y Marco. Día maravilloso y emotivo donde esta pareja de novios me lo puso tremendamente fácil a la hora de poder trabajar. Atentos y participativos durante todo el día merece mención especial. Una pareja que tras un leve sondeo de fotógrafos de bodas decidieron contratar mis servicios apenas unos días antes de la celebración de su boda.

La pareja fue dejando este asunto “para más adelante” y entre los gastos de una cosa, los gastos de la otra y aquellos gastos imprevistos la decisión de contratar a alguno de los fotógrafos de bodas en Granada posibles la iban dejando para otro momento.  El caso es que no fue hasta unos días antes cuando Verónica y Marco se pusieron en contacto conmigo.

Marco me llamó de urgencia, tenía claro que quería tener un buen recuerdo de ese día y más aun que le gustaría contar con mis servicios sin tan siquiera preguntar tarifas. De los fotógrafos de bodas yo debía ser el suyo y por suerte ese día no tenía ningún otro trabajo previsto. Me encontraba pasando unos días de vacaciones pero iría a Granada a cubrir ese día. No podía dejar pasar la oportunidad y menos mal que no lo hice.

Nos vimos el día de antes para conocernos, cerrar el acuerdo y organizar un poco el desarrollo del reportaje, resolver dudas, etc…

El día del reportaje llegué a casa de Marco a una hora temprana. Ya me avisaron que habría numerosa familia pues venían de fuera y hacían noche allí. Así fue, pero fueron respetuosos en todo momento tanto con Marco como conmigo a la hora de la sesión fotográfica pues estuvimos prácticamente solos todo el tiempo cosa que es de agradecer. La casa contaba con algunas paredes blancas y cerca de ellas grandes ventanales, motivo perfecto para ni siquiera montar el flash de cámara y trabajar únicamente con luz natural, menos en alguna toma algo más elaborada. La tranquilidad del novio me facilitó la tarea así como el buen ambiente que por allí se respiraba empezando por sus padres, alegres y felices. Todo eso se contagia y así es mucho más fácil trabajar.

Tras la sesión y las respectivas fotos de familia salí pitando para casa de Verónica que por suerte vivía muy cerca de Marco.

En casa de ella mucho menos personal. Los padres, la hermana, la novia y poca gente más que saldrían pronto camino del lugar de celebración. Al igual que en casa de él, Verónica y yo pudimos estar prácticamente en todo momento solos y tranquilos. Los padres fueron muy respetuosos hasta tal punto que en algún momento parecía que nos encontrábamos solos en la casa. Vamos, lo que todos los fotógrafos de bodas deseamos en cada uno de nuestros reportajes.

Verónica estaba algo más nerviosa. Pendiente de su vestido, horarios,… pendiente que todo saliese como ella deseaba. Poco a poco se fue relajando. Comprendió que debía disfrutar de su día y no preocuparse de nada más. Únicamente disfrutar.

Tras otro rato de sesión con Verónica llegó el momento de marcharse al restaurante donde se celebraría la ceremonia, en este caso, civil.

No muchos invitados y un lugar maravilloso e íntimo. Ceremonia corta, emotiva y un sol tan bajo como molestoso por las fastidiosas sombras que se generaban en cara de los novios. Y finalizada esta y las primeras felicitaciones, nos marchamos a prisa a aprovechar al menos 20 minutos de sesión fotográfica de pareja en algún lugar muy cercano.

Vueltos ya del pequeño reportaje de boda en exterior, disfrutamos todos de una magnífica cena y aun más del baile posterior alargado hasta bien entrada la madrugada donde ahora si, sin nervios ni tensiones, novios e invitados disfrutaron de la fiesta y el jolgorio que ese día necesitaba para cerrar seguramente un día inolvidable para ellos, y por que no decirlo, para mi también.

Fotógrafos de bodas, bendita profesión la nuestra.